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Leyenda 7 doncellas

LEYENDA DE LAS SIETE DONCELLAS

Por Francisco Javier Alonso del Pino

 

Escucha con atención lo que en Simancas pasó. A siete de sus doncellas en el Reino de León.

Según nos cuenta la historia, sucedió en esta villa, que siete doncellas casi se quitan la vida.

Por no pagar el tributo que el Moro las exigió, se cortaron sendas manos con gran determinación.

Abderramán Rey de Córdoba a Don Ramiro pidió tributo de cien doncellas y este no se lo negó.

Prometió aquel vil tributo a los Moros Mauregato a León mandó emisarios que a Don Ramiro le hablaron.

Viendo éste lo apurado y exhausto de su mandato quiso ganar algún tiempo y aceptó con gran recato.

Mando que por aquel año a los pueblos de su reino se repartan el tributo que los Moros le pidieron.

A la Villa de Simancas(1) en tan triste situación le tocan siete doncellas tanto nobles como no.

Los gobernantes señores, tomaron conocimiento de todas aquellas mozas en edad de casamiento.

Ponen guardas a las puertas de las mozas elegidas para que ninguna de ellas haya de emprender la huida.

Las mozas pasan la noche entre sollozos y lloros pues las quieren sortear para entregar a los Moros.

Anda la gente alterada y como fuera de sí pues se ve llegar la hora de aquel sorteo tan vil.

La gente sufre en silencio en espera del momento Hijas parientas y hermanas entran en aquel sorteo.

Como Cristianos devotos todos a la Iglesia van, hacen promesas y votos "pa" que les libren del mal.

Acudían a la Iglesia con lágrimas y sollozos libra Señor a tu pueblo de este yugo de los Moros.

La mayor parte del pueblo está presente al sorteo y cuando los hombres leen algunos se caen al suelo.

Levantan gritos al cielo al no poder remediar que a siete de sus doncellas se las tienen que llevar.

Los ministros de Justicia se llevan a las doncellas a quienes tocó la suerte por desgracia para ellas.

Al castillo las llevaron y en él las depositaron en espera del momento que al Moro las entregaron.

Todos esfuerzos que hicieron padres parientes y hermanos para defender su honra todos fueron hechos vanos.

Las doncellas con la prisa y fuerza que las llevaban iban a cuerpo llorando iban todas desgreñadas.

Los ojos llevan sangrientos y los rostros amarillos de tanto llorar su suerte todas dan grandes suspiros.

El mucho dolor que tienen las anuda la garganta no dan gritos van calladas el temor las amedranta.

Las madres iban detrás dando gritos y lamentos mostrando tan gran dolor que estremece el firmamento.

La villa entera en la calle acompaña a las doncellas dando gritos contra el Moro que les quita tan gran prenda.

En la torre del castillo están todas suspirando esperando el gran momento las siete estaban llorando.

El primer Rey que en León don Ramiro se llamó al principio tuvo paz y al fin guerra le sobró.

Que Almanzor Rey Cordobés en batalla le venció y le puso en tan estrecho que grandes parias le dio.

Y en las parias cien doncellas dar cada año se obligó las cincuenta hijas dalgo las otras cincuenta no.

El tributo que era grave mucho tiempo no duró que la villa de Bureva la su paga defendió.

Por no pagar el tributo el cual después no pago que siete doncellas nobles que para dar escogió.

En la torre de una puerta de esta villa acaeció que una noche allí encerradas en llorar se las pasó y al tiempo que amanecía la una así le habló.

Desventuradas doncellas quien en el mundo pensó que para echar a los perros estáis vosotras y yo.

¡Oh! la mayor crueldad que jamás se vio y oyó qué corazón hubo humano que tal hizo y permitió.

Más le valiera morir que aceptar lo que aceptó cortémonos pues las manos. La primera seré yo.

Cuando esto las hubo dicho con gran determinación la mayor de las doncellas a las otras así las habló.

Ya sabéis queridas mías que el tiempo nos ha traído una grande desventura que aquí nos a reunido.

No volveremos a ver a nuestros padres y hermanos los vecinos los amigos de ellos nos van separando.

Desventurados los padres que con regalos criasteis a vuestras queridas hijas y al Moro las entregáis.

Señor misericordioso no permitáis más desmanes los hijos de perdición no nos fuercen al ultraje.

No nos fuercen a cumplir sus radicales deseos que la Santa Ley nos guíe para salvar nuestro pueblo.

Por no cumplir sus deseos a ti pedimos Señor que es mejor perder la vida que servir al invasor.

Haz Señor tu voluntad mueve Señor tu perdón mejor quisiera morir que esperar tan gran dolor.

Una y mil veces la muerte que vivir en deshonor hermanas tiempo tenemos de llorar tan gran dolor.

Es el momento queridas de buscar algún remedio uno hay, ese es la muerte pero tomar no podemos.

Dejad descansar la mente los ánimos reposemos somos cautivas Cristianas a Dios nos encomendamos.

A mi lo que me parece que debiéramos hacer es afearnos los cuerpos y al Moro no apetecer.

Que más me vale quedar con una mancha en mi pueblo que padecer desventuras con el Moro allá en su reino.

Cortémonos los cabellos cortémonos pues las manos desfiguremos los rostros con la sangre que manamos.

Pongámonos horrorosas así no querrán llevarnos no querrán tomar favor si el cuerpo desfiguramos.

Aquí faltando la voz a la que así las habló la doncella cayo al suelo la pobre se desmayó.

Las doncellas asustadas rodean a la mayor tratan de reanimarla y al momento despertó.

Sacaron unos cuchillos que entre la ropa llevaban se cortaban los cabellos los rostros desfiguraban.

Y sin pensarlo dos veces la mayor que las habló con un firme y diestro golpe una mano se cortó.

Las doncellas una a una tomaron la decisión y cortándose las manos imitan a la mayor.

Siete  eran las doncellas siete mancas se quedaron siete gritos de dolor que al guardián han despertado.

El sobresalto fué grande no sabía que pasaba aquellos terribles gritos le sobrecogían el alma.

Confuso y con gran temor aquel pobre carcelero se dirige hacia la torre con cuidado y grande miedo.

Se horroriza el carcelero es terrible lo que ve siete doncellas sangrando no se lo puede creer.

No sabiendo lo que hacer las miraba horrorizado tantas heridas y sangre se siente atemorizado.

En tan lastimoso estado encerradas las dejó presto a los jueces informa lo que en la torre ocurrió.

Mientras tanto en un rincón con gran firmeza y valor la más pequeña de todas a las otras así habló.

Estas manos tan pequeñas tan pequeñas como yo cuantas caricias han hecho cuantos gestos cuanto amor.

Ahora reposando lánguidas en un gesto de oración ¡Oh! mis queridas hermanas se las debo a mi Señor.

Con lagrimas en los ojos rodean a la menor se funden en un abrazo llenas de gran comprensión.

Ante este gesto tan tierno les respondió la mayor no perdamos la entereza defendamos nuestro honor.

Un galán me está esperando junto a la calle mayor es el galán de mis sueños nunca más lo veré yo.

Nunca mas y bien lo siento el Moro me lo quitó al separarme por fuerza de éste que es mi gran amor.

No perdamos la esperanza recemos con gran fervor que tenemos caballeros que vendrán por nuestro honor.

No puede ser mis hermanas que ante tanto desagravio caballeros y plebeyos queden de brazos cruzados.

En defensa de nosotras se levantarán los pueblos en defensa de nosotras de su honor y de su Reino.

Que en este Reino de siempre ha habido gente de honor no volverán la cabeza ante tan gran deshonor.

Aún antes de amanecer se divulga la noticia la gente acude al castillo por ver lo que sucedía.

En la puerta del castillo estaba la villa entera escuchando lo ocurrido a sus queridas doncellas.

La gente toma conciencia los ánimos exaltados no queriendo permitir lo que allí estaba pasando.

En este tiempo llegó a los Moros la noticia que en Simancas las doncellas casi se quitan la vida.

Hasta el castillo llegaron los Moros en comitiva se encontraron las doncellas en estado de agonía.

Desfiguradas están las doncellas de Simancas no las quieren recibir desfiguradas y mancas.

A los que gobiernan dicen que con toda brevedad elijan otras doncellas para poderse llevar.

Más dura le pareció a los que allí gobernaban esta segunda propuesta que los Moros les mandaban.

Acuerdan dar cuenta al rey y hacia León despacharon Diputados con noticias que el rey al fin informaron.

Al Rey Ramiro informaron al llegar los Diputados a Don Ramiro explicaron a Don Ramiro le hablaron.

Le explicaron largamente lo que en Simancas pasó el Rey escucha en silencio el rostro le endureció.

La corte entera escuchando la información de Simancas los rostros desencajados con ánimo de venganza.

Levantándose entre todos un Obispo que allí había increpando a los demás el Obispo así decía.

Se  levanto dio un suspiro y al Rey Ramiro le dijo que levantara a los pueblos que defendieran a sus hijos.

Que hacemos los hombres quietos cuando las tiernas doncellas solas defienden su honra solas con gran entereza.

Ejemplo nos dan a todos aguerridos caballeros que aquí impasible escuchamos esos terribles sucesos.

Nos dan ejemplo y nos dicen que por su honra volvamos somos todos caballeros os invito a demostrarlo.

A estas palabras responden a una todos caballeros que por defender su honra todos partirían prestos.

Que más valiera morir como nobles caballeros que tener como cobardes vida de paz y sosiego.

En armas se han levantado los nobles y caballeros la guerra le han declarado al Moro todos los pueblos.

Se levantaron en armas los pueblos y las ciudades y hacia Simancas partieron de todas las capitales.

Ya levantados en armas y publicada la guerra en simancas sucedía la más terrible de aquellas.

Que en Simancas se enfrentaron como en León ya se dijo en la célebre batalla que llamaron del Barranco.

Célebre batalla aquella la batalla del Barranco en Simancas se recuerda para orgullo de sus hijos.

Los cronistas de la época la describen con ardor de como los caballeros lucharon con gran valor.

"Pa" ejemplo mío os diré que como insignia llevaban unas banderas pequeñas en las puntas de sus lanzas.

En las lanzas las banderas y en las banderas llevaban pintadas las siete manos de siete doncellas mancas.

Las manos de las doncellas que en Simancas se cortaron para defender su honra y no ser de los paganos.

También dicen que un cendal bien atado iba a la lanza y en el cendal unos sueldos de la moneda que usaban.

Quinientos sueldos pagar al Rey Bermudo el primero había ofrecido a los Moros si no cumplía el acuerdo.

Acuerdo que consistía en pagar quinientos sueldos por cada una de las cien doncellas de aquel acuerdo.

El Rey Ramiro negó el uno y otro tributo y a los Moros incitó que vinieran a tomarlo.

Que vinieran a tomarlos de las puntas de sus lanzas que no permitamos más ni tributos ni amenazas.

Los plebeyos y los nobles con gran ardor se emplearon para defender su honra y así al Moro derrotaron.

Que en Simancas se libró por defender sus doncellas una cruenta batalla que la historia aún nos recuerda.

Y con orgullo Simancas esta batalla recuerda de como sus caballeros defendieron sus doncellas.

Novecientos treinta y nueve seis de agosto el día era que memorable batalla en Simancas sucediera.

Se atribuyó la victoria a Santiago y a San Millán que la leyenda nos cuenta que los vieron pelear.

A caballo pelearon al lado de los Cristianos a caballo pelearon por expulsar los paganos.

Sucedió que al día siguiente un eclipse hubo de sol cubrió la tierra aquel día de tinieblas y terror.

Dos días al menos pasaron sin que nadie se moviera pues temerosos estaban por ver lo que sucediera.

Supersticioso el Cristiano pero más el Musulmán han empezado la huida y hacia Zamora se van.

Fuertemente derrotado fue Abderramán en Simancas nunca se lo perdonó que en Simancas le humillaran.

En Simancas eran siete con el Reino en total cien por todas ellas lucharon y las defendieron bien.

Siete tempranos claveles siete orquídeas, siete rosas siete jazmines en flor siete flores olorosa.

Leonor tu eres la mayor negro tienes el cabello negro como el azabache tu destino también negro.

Tú mi querida Lucia tus ojos son azul cielo que derraman alegría y amor si buscas consuelo.

Laura tienes una cara suave como terciopelo rasgos duros rasgos bellos que resaltan en el cielo.

Eva tu nombre es bonito como un rosal cuando brota con sus pétalos y flores así tienes tu la boca.

Son tus brazos Isabel fuertes como el pedernal cuando abrazas das cariño cuando abrazas para amar.

Tienes un cuerpo Yolanda con gracia al caminar flexible como un mimbre que enamoras al pasar.

Inmaculada tu gracia y tu cara de bondad eres dulce y cariñosa eres como una deidad.

Son estas siete doncellas las más hermosas del Reino las más dulces no habrá duda al amor no ponen precio.

Nos cuenta la tradición que de padres a hijos pasa que las doncellas cristianas ya no fueron a sus casas.

Que en un convento de monjas Virgenes se conservaron y como buenas Cristianas en Aniago Terminaron.

En Aniago un buen día la muerte las visitó Aniago las dio la muerte Aniago las sepultó.

Era su nombre Bureva pueblo de las Sietemancas le hicieron cambiar de nombre y hoy le llamamos Simancas.

En esta historia tan bella una coplilla quedó que Simancas con orgullo de esta manera cantó.

POR LIBRARSE DE PAGANOS LAS SIETE DONCELLAS MANCAS SE CORTARON SENDAS MANOS Y LAS TIENEN LOS CRISTIANOS POR SUS ARMAS EN SIMANCAS.










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